La importancia de la Atención Temprana

2ª jornada de la Escuela de Padres

Si hay algo en lo que la mayoría de profesionales que trabajan con niños y niñas con trastorno del desarrollo están de acuerdo es en que una vez detectados los primeros síntomas, cuanto antes se produzca la intervención, mejores resultados se obtendrán y mejor será el pronóstico de ese niño/a.

Pero os preguntareis, si, pero ¿por qué?, ¿no es mi hijo muy pequeño para empezar una terapia? ¿no podríamos esperar? quizá solo sea un retraso en su desarrollo que con el tiempo puede que se solvente, ¿no es mejor esperar a tener el diagnóstico definitivo?

 

Estas y otras cuestiones son comunes entre los padres de los niños y niñas con los que trabajamos, por eso vamos a intentar desde aquí daros la información que necesitáis para saber porque es tan importante una intervención temprana.

Durante el primer año de vida, el desarrollo y adquisición de habilidades de un bebé típico y uno con trastorno del desarrollo transcurre casi en paralelo, es a partir de los doce meses cuando comienzan a ser palpables las primeras sospechas, los padres y la familia en general sois los primeros en daros cuenta de que algo no está yendo como debería, pero aún han de pasar muchos meses hasta que se de con un diagnóstico.

 

 

Cuanto más tiempo pase sin que se intervenga, más difícil será alcanzar las habilidades ya que la distancia con el desarrollo típico se irá haciendo cada vez mayor.

Existen multitud de indicadores de desarrollo típico para las diferentes etapas evolutivas de un niño/a, pero hay unas señales de alarma más destacables, que son las que nos tienen que hacer ponernos en marcha, si por ejemplo con 18 meses el niño/a no muestra: contacto ocular, imitación, no señala, no hay emisión de lenguaje hablado y sobre todo si pierde habilidades que previamente había adquirido.

El trabajo que realizamos en terapia consiste en fomentar todas aquellas habilidades que el niño/a no tiene y debería tener de acuerdo a su edad cronológica, habilidades que en edades tan tempranas son un prerrequisito para la posterior adquisición de otras más complejas. Por ejemplo, si el niño no mira a los ojos o no imita, en un futuro será muy difícil que aprenda a hablar.

No es lo mismo enseñar a un niño habilidades que le corresponderían por su edad, que esperar más tiempo y tener que empezar a trabajar esas habilidades que cronológicamente ya están desfasadas, el retraso en la adquisición se va acumulando y tardará más en alcanzar un desarrollo típico.

En está gráfica, vemos la diferencia entre un niño con desarrollo típico (naranja), un niño con trastorno del desarrollo sin intervención (azul) y otro con intervención temprana (fucsia):

 

 

La intervención temprana se ha mostrado como clave para que el desarrollo del niño/a sea lo más prometedor posible a largo plazo, y que se normalice su curva del desarrollo al trabajar las habilidades que se ven afectadas por el trastorno que tengan, y que ello implique asegurar el desarrollo máximo del potencial del niño.

Las ventajas de una buena intervención temprana son múltiples, pero se resumen en estas cuatro:

  • Aumento de las capacidades intelectuales
  • Disminución de conductas disruptivas, de igual manera que la adquisición de habilidades es un continúo, la aparición y empeoramiento de las conductas disruptivas (llorar, patalear, rabietas, agresiones, etc.) también evolucionan y van de menos a más. Cuanto antes se actúe y menos fortalecidas estén en el tiempo mejor y más rápido se extinguirán, por el contrario, si las dejamos pasar, irán aumentando en frecuencia e intensidad y serán más difíciles de trabajar cuanto más tiempo pase.
  • Desarrollo del lenguaje, son muchas las habilidades prerrequisitas que se deben de dar para que un niño hable (contacto ocular, imitación..) si trabajamos estas a su tiempo la adquisición del lenguaje será más probable y temprana que si no se trabajan. Si la intervención comienza cuando ya el niño debería hablar, habrá que empezar por ellas y el retraso se hará más notable.
  • Integración escolar: al final lo que se persigue es que para cuando el niño tenga 6 años y comience su escolarización obligatoria, tenga el mayor número de habilidades correspondientes a su edad que le permita la mejor integración escolar posible.

Como ejemplo de lo que venimos llamando “habilidades prerrequisitas” en la siguiente imagen podemos ver cuáles son necesarias para poder llegar a la escritura:

 

 

Es importante tener en cuenta, que aprendemos a través de lo que llamamos “pirámides de aprendizaje”, donde se establecen unas bases previas sin las cuales no se puede avanzar hacia la cúspide donde se encuentra la adquisición de la habilidad final que perseguimos, por ejemplo: escribir.

En definitiva, si sois una familia con un niño/a con un trastorno del desarrollo, diagnosticado o no, no dudéis en comenzar lo antes posible a recibir ayuda terapéutica, dado que esto repercutirá positivamente en el desarrollo de vuestro hijo/a.

 

La pieza del puzzle